viernes, 11 de septiembre de 2020

Segunda semana del cuarta periodo grado noveno

Célula procariota

La cápsula

Muchos procariontes tienen una capa externa pegajosa llamada cápsula, hecha usualmente de polisacáridos (polímeros de azúcares).
 
La cápsula ayuda a los procariontes a adherirse unos a otros y a las varias superficies de su entorno, y también evita que la célula se seque. En el caso de los procariontes patógenos que han colonizado el cuerpo de un hospedero, la cápsula o capa viscosa las protege contra el sistema inmune de este.
 
El experimento de Griffith en el que se demostraba la existencia de un "principio transformador" (ADN) que podía convertir las bacterias rugosas e inofensivas en lisas y patógenas ¡Las bacterias lisas eran lisas (y capaces de provocar enfermedades) porque tenían una cápsula!
 

La pared celular

Todas las células procariontes tienen una pared celular rígida, localizada por debajo de la cápsula (si esta última existe). Esta estructura mantiene la forma de la célula, protege su interior y evita que la célula reviente cuando absorbe agua.
 
La pared celular de la mayoría de las bacterias tiene peptidoglucano, un polímero de azúcares y polipéptidos. El petidoglucano es inusual porque no solo contiene L-aminoácidos, el tipo que normalmente se usa para hacer proteínas, sino también D-aminoácidos (imágenes "especulares" de los L-aminoácidos). Las paredes celulares de las arqueas no tienen peptidoglucano, pero algunas tienen una molécula parecida llamada pseudopeptidoglucano, mientras que otras están compuestas de proteínas y otros tipos de polímeros.
 
Algunos eucariontes, como las plantas y los hongos, también tienen paredes celulares, pero están compuestas de diferentes materiales que las de los procariontes. Las paredes celulares vegetales están hechas principalmente de celulosa, y las de los hongos, de un polisacárido modificado llamado quitina. Aprende más acerca de la celulosa y la quitina en el artículo sobre carbohidratos.
Algunos de los antibióticos que se usan para tratar infecciones bacterianas en humanos y otros animales actúan afectando la pared celular bacteriana. Por ejemplo, algunos antibióticos contienen D-aminoácidos similares a los usados en la síntesis de peptidoglucano, y "engañan" a las enzimas que construyen la pared celular (pero sin afectar a las células humanas que no tienen una pared celular ni utilizan D-aminoácidos para producir polipéptidos).
 

La tinción de Gram

Aunque la mayoría de las paredes celulares bacterianas tiene peptidoglucano, sus estructuras son diferentes. De hecho, estas diferencias se usan para clasificar las bacterias por medio de una técnica llamada tinción de Gram. Esta técnica, desarrollada en el siglo XIX por el médico danés Christian Gram, clasifica las cepas bacterianas en dos grupos: gram-positivas y gram-negativas.
 
El proceso de tinción consiste en aplicar dos colorantes a una misma muestra de bacterias. Primero, se aplica un colorante de cristal violeta y yodo, los cuales se unen y forman una molécula voluminosa que se une a la pared celular de las bacterias. Luego se usa alcohol para lavar la muestra, lo que remueve el compuesto de violeta y yodo sobrante o apenas unido a la pared. Entonces se aplica un tinte rojo a la muestra.
 
La estructura de la pared celular de la bacteria determina qué tinte es visible al final del procedimiento. Las bacterias gram-positivas tienen una gruesa pared de peptidoglucano, que atrapa las moléculas voluminosas de violeta y yodo. (El tinte rojo también se une, pero el cristal violeta lo cubre). En cambio, las bacterias gram-negativas tienen una delgada pared de peptidoglucano y una membrana externa adicional (ver la imagen siguiente). La delgada pared de peptidoglucano solo retiene el tinte rojo, lo que le da un tono rosado a las bacterias gram-negativas.
 

La membrana plasmática

Por debajo de la pared celular se encuentra la membrana plasmática. Los componentes básicos de la membrana plasmática son los fosfolípidos, lípidos compuestos de una molécula de glicerol unida a una cabeza de fosfato hidrofílico (que atrae el agua) y a dos colas hidrofóbicas (que repelen el agua) de ácidos grasos. Los fosfolípidos de una membrana eucariota o bacteriana están organizados en dos capas, formando una estructura llamada bicapa de fosfolípidos.
 

Las membranas plasmáticas de las arqueas tienen algunas propiedades únicas, diferentes de las de las bacterias y eucariontes. Por ejemplo, en algunas especies, las colas opuestas de los fosfolípidos están unidas en una sola estructura, formando una monocapa en lugar de una bicapa (como se muestra abajo). Esta modificación estabiliza la membrana a altas temperaturas, lo que permite a las arqueas vivir felizmente en el agua hirviendo de las fuentes termales.
 
Además de estar compuestas de monocapas en algunos casos, las membranas plasmáticas de las arqueas tienen otras características distintas a las de las bacterias y eucariontes. A continuación se mencionan otras tres diferencias fundamentales:
  • En primer lugar, las arqueas tienen fosfolípidos con colas isoprenoides en lugar de colas de ácido graso. Las colas isoprenoides presentan ramificaciones, las de ácidos grasos, no.
     
  • En segundo lugar, la unión entre la molécula de glicerol y las colas isoprenoides en las arqueas es un enlace éter. En cambio, en bacterias (y eucariontes), el glicerol se une a las colas de ácido graso por medio de un enlace éster, como se muestra a continuación.
     
  • En tercer lugar, las moléculas de glicerol que conforman los fosfolípidos de las arqueas son imágenes especulares de las que constituyen los fosfolípidos bacterianos y eucariontes (cuando se ven en un espacio tridimensional). Estas formas de glicerol son enantiómeros una de otra y se designan como L-glicerol (que se encuentra en arqueas) y D-glicerol (que se encuentra en bacterias y eucariontes). 



Apéndices

Las células procariontes suelen tener apéndices (proyecciones de la superficie celular) que les permiten adherirse a las superficies, moverse o transferir ADN entre ellas.
 
Los filamentos delgados llamados fimbrias (singular fimbria), como los que se muestran en la imagen de abajo, se usan para la adhesión: ayudan a las células a pegarse a los objetos y superficies de su entorno.
 
Los apéndices más largos, llamados pili (singular: pilus), son de diferentes tipos y tienen diversas funciones. Por ejemplo, los pili sexuales mantienen unidas a dos bacterias y permiten la transferencia de ADN entre ellas en un proceso conocido como conjugación. Otros tipos de pili bacterianos, denominados pili tipo IV, ayudan a que la bacteria se mueva en su medio ambientestart superscript, 10, end superscript.
 
Sin embargo, los apéndices más comunes para la locomoción son los flagelos (singular: flagelo). Estas estructuras parecidas a una cola se mueven como hélices para impulsar a las células a través de ambientes acuosos.
 

Plásmidos y cromosomas

La mayoría de los procariontes tiene un solo cromosoma circular y, por lo tanto, una sola copia de su material genético. En cambio los eucariontes, como los humanos, tienden a tener múltiples cromosomas en forma de bastón y dos copias de su material genético (en cromosomas homólogos). 
 
De igual manera, los genomas de los procariontes por lo general son mucho más pequeños que los de los eucariontes. Por ejemplo, el genoma de E. coli es de menos de la mitad del tamaño del de la levadura (un sencillo eucarionte unicelular) ¡y casi 700 veces más pequeño que el genoma humano!start superscript, 13, end superscript.
 
Por definición, los procariontes carecen de un núcleo delimitado por una membrana para guardar sus cromosomas. En cambio, el cromosoma procariota se encuentra en una zona del citoplasma llamada nucleoide. 
 
Además del cromosoma, muchos procariontes tienen plásmidos, pequeños anillos de ADN extracromosómico ("fuera del cromosoma") de doble cadena. Los plásmidos tienen un número reducido de genes no esenciales, se copian de manera independiente al cromosoma celular y pueden ser transferidos a otros procariontes en una población, lo que permite la diseminación de genes que pueden ser beneficiosos para la supervivencia.
 
Por ejemplo, algunos plásmidos tienen genes que confieren resistencia a los antibióticos que se conocen como genes R. Cuando los plásmidos con genes R se intercambian en una población, pueden hacer que esta se vuelva rápidamente resistente a los antibióticos. Si bien esto es beneficioso para las bacterias, este proceso dificulta que los médicos puedan tratar infecciones bacterianas perjudiciales.
 

Compartimientos internos

Se "supone" que los procariontes no tienen compartimientos internos semejantes a los organelos de los eucariontes y, en su mayoría, carecen de ellos. Sin embargo, las células procariontes a veces necesitan aumentar el área de superficie de su membrana para llevar a cabo ciertas reacciones o concentrar un sustrato alrededor de su enzima, igual que los eucariontes. Debido a esto, algunas procariontes tienen pliegues de membrana o compartimientos funcionalmente parecidos a los de los eucariontes.
 
Por ejemplo, las bacterias fotosintéticas a menudo tienen pliegues de membrana extensos que aumentan el área superficial para las reacciones que dependen de la luz, de manera semejante a los tilacoides de las células vegetales. Estas bacterias también pueden tener carboxisomas, compartimientos celulares rodeados de proteínas en los que se concentra el dióxido de carbono para su fijación en el ciclo de Calvin.

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